Hay que dejarles volar

Hoy paso a contaros toda nuestra experiencia en la piscina hasta ayer mismo que fue su primera clase de natación sin mamá.

Natación para bebés.

Hay coordinadores de piscinas municipales que te permiten llevar a los peques a partir del medio año, otras antes, otras un poco más tarde. La mayoría recomiendan a partir de los 7 u 8 meses de edad.

Nosotros apuntamos a los peques muy tarde, a mi gusto, pero ya habían pasado los 2 años y medio y decidimos que era hora de apuntarlos a nadar. Coincidió con la época estival y se estrenaron en la piscina de 50 metros, con material auxiliar y mi marido y yo con cada uno de los gemelos.

Inconvenientes.
  • Son muy peques y para ellos la piscina es muy grande, a pesar de que vayan con nosotros.
  • El agua de la piscina grande está fría para ellos, aún siendo época estival, las piscinas al aire libre suelen estar más frías y yo tengo a dos hijos muy frioleros. Así que las clases duraban hasta que empezaban a tener frío.
    Esto a veces se agravaba porque por la tarde se levantaba una brisa fría que empeoraba la situación.
Ventajas
  • El horario que nos asignaron y en el que podíamos ir los dos padres porque era sobre las siete de la tarde y estábamos disponibles ambos.
  • Era una actividad estival que nos gustaba a los 4, porque estábamos mucho con ellos, aprendían y nosotros estábamos fresquitos y jugábamos en la piscina. Era tiempo de ocio familiar.

PISCINA DE INVIERNO

Llegó el colegio y su adaptación y decidimos que siguieran en la piscina de invierno, la pequeña, habilitada para bebés y la temperatura idónea para continuar con su aprendizaje.

natación para niños

Piscina Municipal de El Viso del Alcor, 25 metros

Como toda madre sabe, cuando empieza el colegio y le sumas el frío aparecen los catarros y la típica tos con moco que no se va en todo el año. Aún así conseguimos que los peques nadaran de septiembre a noviembre, con nosotros y el material auxiliar.
cambio fue muy significativo y la monitora sabía como hacerles progresar, con la pérdida del miedo al agua, los juegos y unas clases muy agradables. A parte, la temperatura del agua de la piscina pequeña siempre es mucho más elevada, precisamente al destinarla para natación con bebés.

En noviembre y diciembre empezaron con los catarros y no asistimos durante bastante tiempo, cuando no era uno enfermo, era el otro o los dos. A nosotros también nos tocó.

En Enero quisimos retomar pero no hubo plazas y no renovar esos meses, por lo que ya tuvimos que esperar a Abril para empezar de nuevo con la rutina.

El problema surgió cuando hubo un cambio de monitora; aunque no lo veo como un problema en sí, sino una readaptación, un cambio en el sistema de dar clases, a lo que tuve que añadir que durante esos meses tuve que ir sola con ellos a clase por motivos laborales de mi marido. Y ahí la cosa se complicó.

Fin de las clases de natación para bebés

Además de añadir que los peques ya tenían 3 años y medio, hubo un retroceso en los últimos días de clases de Junio.

No sé si el motivo fue el cansancio acumulado de los últimos días de colegio, o bien que también se hizo un cambio a la piscina de 25 metros, porque ya hacía calor para la pequeña, que era ya algo asfixiante. El caso es que ahí empezaron a rebelarse y las primeras pataletas.

Uno de los gemelos cambió positivamente; de golpe, eso de nadar en una piscina más grande le motivó un montón y en pocos días alcanzó el nivel del hermano, (ojo, las comparaciones no son buenas y delante de los peques NUNCA), se soltó de una manera increíble y con una independencia en la piscina asombrosa aunque aún con material auxiliar los dos.

El otro fue para peor. La temperatura más fría del agua y que no le gusta nada pasar frío fueron detonantes para asistir a las clases llorando. Si bien es cierto que fueron menguando los minutos de protesta y lo pasaba mejor a lo largo del paso de los días, hasta que acabó la piscina de invierno.

Clases de Natación Verano

Aquí surgió el problema. Si recordáis lo que he escrito al principio, las clases de verano se realizan en la piscina de 50 metros.

Este año su papá no podía venir porque trabajaba y decidí apuntarlos por la mañana, que era a un horario donde el sol pegaba mucho más y no hacía aire normalmente a esa hora.

Lo raro de este año es que hasta final de Agosto no ha hecho mucho calor, y si a eso le juntáis a un friolero, con agua fría en piscina de 50 metros, con un hermano que se contagia el llanto y con mamá fuera intentando convencerlos a ambos; pues fue el final.

Además hubo otro cambio de monitora, por ser el turno de mañana y no tenían confianza con ella. Hablé con ésta última, la coordinadora de la piscina, y tomé una decisión.

Mi decisión

La conversación fue sencillamente lo siguiente:

“O separamos a los niños en dos clases distintas, o bien yo tengo que quitarme de en medio y que naden solos”.

En Agosto ya no fuimos porque era una pérdida de tiempo que aprovechamos para viajar y visitar a la familia, en una casa con piscina que no tuvieron reparos en usar 2 o 3 veces al día; lo que son las cosas, ¿eh?

Y ¡¡milagro!! Un día nos pasamos por la piscina durante los últimos días de verano y me comentan que este año habrá natación entre bebés y niños de 2 a 4 años, únicamente con monitor y sin los padres.

No me lo pensé dos veces en apuntarles en ese grupo y si la adaptación era buena, aprovechar ese tiempo de clase para mi y nadar en el carril de nado libre.

Su primera clase sin nosotros

Les estuve contando que empezaban las clases hace ya un par de semanas; que además empezarían solos con monitor, que iban a pasarlo muy bien jugando y se iban a divertir mucho.

Dicho y hecho. Les presenté a sus nuevo profesor que este año es nuevo en la piscina, se los llevó a la piscina de 25 metros, yo aproveché a escondidas a irme a los carriles de nado libre y ver qué tal les iba, siempre desde lejos para que no me vieran.

Hubo algún llanto breve a la hora de entrar en la piscina, tal como me confirmó el monitor más tarde; el hermano también se contagió un poco, pero el resto del tiempo estuvieron jugando mucho y el monitor hizo una clase con variedad de juegos y lo disfrutaron.

Me quedé con sentimientos encontrados de no poder nadar con ellos, aunque tomé esta decisión porque conmigo no iban a avanzar y necesitaban dar ese salto solos, aunque siempre se tengan el uno al otro.

Llega un momento en que los padres nos damos cuenta de que algo no va bien y tenemos que tomar decisiones que a veces no nos gustan, por egoísmo, como es pasar tiempo con ellos en la piscina, hasta que te das cuenta de que no beneficias en nada a tus hijos y que tienes que dejarles volar nadar.

Concluyendo… Los baños en la piscina quedarán para el verano, al menos junto a ellos. Yo me conformaré con verlos desde la barrera y nadar mientras ellos avanzan en sus clases, que deseo que sea así y sigan pasándolo tan bien como me contaron ayer, que salieron entusiasmados.

De todo lo escrito y reflexionado durante este verano, me quedo con el hecho de que van creciendo y se están convirtiendo en dos personitas maravillosas a las que hay que darle espacio para experimentar y aprender sin estar bajo el ala de mamá.

Y vosotros, ¿habéis pasado por alguna situación similar? ¿Me la contáis?

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