Su primera vía

Ayer fue un día de esos que no olvidas. Como cada tarde nos sentamos en el salón tras la comida y uno de mis peques se durmió inusualmente pronto para hacer su siesta. Sobre las cuatro y media pasadas se despertó vomitando y no paró de hacerlo en horas.

Normalmente espero un poco para llevarlo al médico. Primero porque a veces terminan después de unas 5 veces y ya nunca más, pero ayer era algo exagerado y tres horas más tarde lo llevé a urgencias porque estaba decaído y no terminada de despertarse de la siesta. Estaba exhausto!

Me lo llevé a urgencias del hospital donde nacieron, siempre lo llevo allí, la atención es muy buena y sobre todo rapidísima. Aunque no había hipoglucemia estaba muy cansado así que el pediatra decidió ponerle la vía. Me acordé de miles de historias que me han contado o he leído acerca de poner vías en bebés, pero bueno, decidí quedarme esperando como iba a ir el proceso y colaborar.

Primero no me sacaron de la sala, me pidieron colaboración para estar con el peque, así que me puse en el lado contrario a donde iban a ponerle la vía y empecé a hablarle suave y entretenerlo con su tema favorito de la actualidad, los colores. Estuve hablando con mi peque de los colores de los uniformes de los enfermeros, de una pulsera azul de súper campeón que le pusieron en el brazo (el que comprime para poner la vía) y estuvimos contando del 1 al 10.

Le pusieron la vía durante ese proceso y ni se quejó, no se si por falta de fuerzas o porque es así de bueno el pobre; se limitó a mirarme y asentir con la cabeza tras un gesto leve de dolor y me hizo caso, como si supiera que hablaba conmigo para estar entretenido. La vía falló, no pudieron sacarle sangre para la analítica así que decidieron cambiar de brazo.

Cambié al otro lado y repetí la operación, hablándole bajito y cogiéndole suave la cara a modo de muro entre nosotros y los enfermeros. Se repitió el gesto de dolor al notar el pinchazo pero volvió a quedarse callado y quieto. Nosotros seguíamos con nuestras historias madre e hijo y al sacarle sangre para hacerle la analítica se escuchó el único ruido que diría en todo ese tiempo !AU! nada más.

su primera vía

Los enfermeros le felicitaron por ser un campeón y a mi me agradecieron la colaboración y hacerles fácil el trabajo. Nos trasladaron a una habitación y lo pusimos en la cama. Al final como es de esperar acabamos los dos en la butaca, el suero de la vía tardó algo más de 1 hora en acabarse y vimos el cambio de turno de algunos enfermeros.

Durante ese tiempo estuve pensando que siempre que voy a urgencias pasa lo contrario a lo que espero. A veces creo que están para quedarse ingresados y se les pasa y el alta es inmediata, otras veces pienso que ocurrirá eso y al final acabamos en un box de urgencias. Con los peques nunca es lo que una espera.

Cuando se le acabó el suero nos dimos cuenta de que se le había taponado la vena y tenía un poquito hinchado el bracito, así que para no cansarlo más, que el pobre ya estaba muy molesto, durmiendo y despertándose alterado, le repitieron la prueba de azúcar y al ver que estaba bien le retiraron la vía y le dieron suero oral.

Ahí estuvo ya de pie jugando con los enfermeros y tomando sorbos de suero fisiológico sabor fresa, que aún no convendiéndole mucho, bebió porque yo le dije que era necesario para volver a casa. (a mi modo 😀 ). Me sorprendió (recordad que estamos en doble operación pañal) con un “Mamá, pipí” aún llevando un pañal de aprendizaje, así que fuimos al baño y volvimos a tomar más suero.

Vino el médico, vio que toleraba bien el suero y me pautó la alimentación y aspectos a tener en cuenta para su gastroenteritis aguda y nos fuimos, no sin antes adoptar a “Azulito, el erizo” que nos hizo el enfermero Ángel.

erizo azulito

 

Ya en casa

Cuando parece que debe llegar la parte más sencilla viene la más complicada. 1 de la madrugada, mi marido muerto de sueño y que tiene que levantarse en 4 horas para ir a trabajar. Un peque que me ha echado de menos y se me agarra al cuello y que horas más tarde no podía dormirse por el malestar de su gemelo.

El que está malo pidiendo orinal cada 5 minutos por el suero pero que no consigue hacer nada, más unas décimas de fiebre que le tienen muy molesto, completando su papel del niño de exorcista que había empezado 8 horas antes.

Yo totalmente agotada dando cabezadas hasta el siguiente despertar del peque.

Al final tomo unos sorbos de suero y por fin pudo orinar y de repente suelta un “ya tá, ya tá, ya tá” y se queda frito sobre las 3 de la mañana.

Hemos amanecido a las 11,45 agotados los tres, gemelo no malito incluído. Sigue con la barriga pachucha, así lo indica su última deposición, pero ha desaparecido por completo la fiebre y está de buen humor jugando con su hermano.

Hoy será un día casero, tranquilo, de comida astringente, pañal por precaución aunque me avisa, y mañana será otro día, espero que mejor.

 

 

2 comentarios

  1. ¡Ánimo! El peque se portó genial y me ha parecido muy dulce la manera como has conseguido que apenas notara el pinchazo. Pronto ni siquiera se acordará de esta experiencia.

    ¡Besotes!

  2. Hola Marta

    Ha sido un campeón. Los hospitales imponen mucho. A mí el miedo que me saba es que apareciera el hermano. Menos mal que hay gente fantástica trabajando con niños. Hay que tener un tacto especial con ellos. Un abrazo.

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