En 13 Viernes y Martes… 1ª parte

Historia real y detallada de mi búsqueda de embarazo. 

El pasado Viernes 13 (miedito) de Mayo hizo dos años de la noticia que cambiaría mi vida, quieres saber cuál fue? Ponte cómod@ porque es algo largo, pero si quieres y tienes algo de tiempo, quédate que te lo cuento!!!

Hace algo más de tiempo, a finales de 2012 nos mudamos mi pareja y yo a nuestro nuevo hogar y decidimos intentar embarazarnos a partir del inicio de 2013 y oye, parece que fue visto y no visto! sobretodo el no visto… porque en la semana 7 de embarazo me dijeron que parecía un huevo huero y yo me pregunté… y eso qué es? – pues cuando hay saco gestacional sin bebé dentro, hablando claro y resumido – ay! como lloré… pero claro, te dicen que a lo mejor estás de menos, que vuelvas en 10 días y comprobamos como va la cosa… y te queda la cosita ahí dentro, un hilo de esperanza al que te agarras como si fuese el arnés que te sujeta a la montaña para no caer.

Como esa ecografía me la hice por privado, cancelé la segunda eco porque tenía las pruebas analíticas de sangre y 3 semanas después, en la semana 10 me tocaba la otra eco. Supongo que me agarré al clavo ardiendo de creer que estaba de menos y que iría todo bien.
A toda mujer en esa situación se le pasan los días muyyyyyyy lentamenteeeeeeeeeeeee, por muy lento que creáis que pasa el tiempo esos días, es peor, mucho peor. Nervios, preocupación, más nervios, comida de tarro las 24horas, por 7 días… Y el día anterior a la ecografía con el tocólogo – martes 26 de Marzo (plena semana santa)–  me levanto, me voy al baño y sorpresa! estoy manchando…

Me fui al hospital con mi suegra – mi familia vive bastante lejos – me atendió una enfermera a la que solamente le expliqué lo que me pasaba. 3 horas en la sala de espera viendo pasar a embarazadas, unas para revisiones, otras para monitores, otras para partos. A partir de ese día te das cuenta de que hay embarazadas por todas partes, o es que quizás te fijas más. Entro al fin, me ve un médico y me confirma que es un huevo huero, que como ya estoy de casi 11 semanas me harán legrado porque el saco gestacional si había seguido creciendo. Recuerdo aunque ya levemente que el ginecólogo fue más bien desagradable y muy frío para esa situación; él verá eso todos los días, para mi fue la primera vez y quizás esperas algo más de tacto.

Otro ginecólogo, de esos que sabes que llevan poco tiempo, me explicó los pasos a seguir. – Una pastilla esta noche en casa a las 12 otra mañana antes de venir al hospital; a las 8 vienes para el ingreso. Esas pastillas te dilatan para poder practicar el legrado; lo que no te cuentan para nada es que te provocan los dolores de las contracciones de parto y el dolor es horroroso, tanto que a las 2 de la madrugada estaba retorcida de dolor y como no aguantaba ni un poco más nos fuimos (mi pareja con catarrazo y yo) al hospital. Me revisaron, me dieron misero paracetamol para pasar la noche y decidieron ingresarme en una habitación en la que no apareció nadie hasta las 7 de la mañana, y porque los llamé yo.

Al ponerte las pastillas se empieza a expulsar todo, literalmente todo, por lo que tuve que llamar a la enfermera que me dijo que fuese mirando por si expulsaba el saco, – No voy a escatimar en detalles para que sepáis lo que se pasa y se siente al ocurrirte algo así, tal cual – pero lo único que sacaba eran coágulos de sangre, según me confirmó ella. Llevaba desde las 2 a.m expulsando gran cantidad de sangre, y lo que me cambiaba no eran compresas, sino sabanidas que supongo sabéis el tamaño que tienen, una tras otra…

8 am.- me vienen a buscar para que me vean en ginecología, supongo que comprobaron que aún no me había quedado limpia así que me mandaron a monitones, pero sin monitores. Son unas minúsculas habitaciones donde si no estás de parto, solo hay una cama, una silla incómoda y el baño. Mi pareja el pobre sin dormir tras una noche en una butaca incómoda cayéndose de sueño a mi lado. Yo sangrando muchísimo y con dolores de contracciones de un parto ficticio.

Recuerdo el ir y venir de las enfermeras por el pasillo, ajenas a todo lo que acontecía en algunas habitaciones, las recuerdo reír e irse llamando para ir a desayunar por turnos, sus pasos de arriba a abajo del pasillo, el movimiento de camillas y carritos de medicación, también me acuerdo que allí no entraba nadie, ni para verme, ni para pedirme como estaba ni nada. A las 10 am. llamé para ver si me daban algo para el dolor, porque era algo difícil de soportar, no se si más el físico o el psicológico. Otro paracetamol, nada más. Pasó el tiempo y ya pensaba que se habían olvidado de que estaba en esa habitación, a todo esto yo cambiando sabanidas una tras otra y sobre la 13,15 más o menos me entran ganas de ir de vientre, le pido a mi pareja que me ayude a incorporarme y entro en el baño… y ahí ya no recuerdo nada más, me desplomé.

Lo siguiente que recuerdo es a una enfermera atendiéndome y Oh! casualidades de la vida, a los dos celadores que habían venido a buscarme para la 13.30 horas para llevarme a quirófano. No se ni lo que me hicieron, solo recuerdo estar totalmente agotada y desatendida por parte del hospital, asustada porque era la primera vez que me pasaba algo así y la situación no podía ser más fría y más dura, perdida ante los profesionales que hacen eso supongo que tantas veces que se olvida que hay vidas e historias tras cada puerta de esas habitaciones. Fue así.

Los celadores me llevaron por el pasillo al quirófano y girar hacia mi derecha por el pasillo; justo en ese giro vi a tres enfermeras juntas de charla en un mostrador, se quedaron mirándome y yo a ellas, pasé por unas puertas oscilantes hasta quedarme en el pasillo de quirófano. Ahí llego el anestesista, quizás el primer profesional empático de turno ese día. Me hizo unas preguntas de rigor y vinieron dos enfermeras muy simpáticas a explicarme más cosas de lo que iba a pasar, me quitaron el camisón y les expliqué mi incidente en el baño porque desde ahí no me había podido ni limpiar ni poner otra sabanida; ellas me tranquilizaron y entramos en quirófano.

El quirófano parecía otro mundo, médicos y enfermeras hablándote, informándote de todo, el anestesista acojonado al verme la tensión aterial: – una dosis de “X” mg de epinefrina! (espero no estar metiendo la pata pero estaba tan cansada que solo creo recordar haber oído eso), – otra dosis más!  Yo creo que llego a estar sola y no se lo que me pasa en el baño, y lo asustado que debió estar mi pareja en ese momento. Después de monitorizarme, haberme puesto las vías y la medicación, me dijeron que me iban a sedar, – empieza a contar desde 100 para atrás… -100. 99. 98, 9………

Desperté en una habitación con mi pareja y mi suegra, me dieron la merienda y el alta, con unas instrucciones precisas para los días posteriores al legrado. Cuando vas en el coche lloras y te tocas la barriga pensando que ahí ya no hay nada, aunque no lo hubo nunca, pero en tu cabeza sí: planes, futuro, ilusión, felicidad… todo eso también se quedó en quirófano, y empiezas un luto que nadie te enseña como superar, solo el tiempo lo hace.

Fin de la primera parte…

En 13 Viernes y Martes… 2ª Parte

 

12 comentarios

  1. Ay cielo!!! Menuda historia… seguro que ayuda a aquellas que hagan vivido historias similares.
    Un beso muy fuerte preciosa

    • Marta cariño me acabo de emocionar al escuchar tu historia fue igual a la mía no sabe nadie lo mal que se pasa hasta que pasa para mi el peor momento de mi vida

      • Qué Eva eres? sólo me aparece tu nombre!! si no quieres decirlo por aquí avísame en alguna red social. Muchas gracias por el comentario y siento que también pasases por eso. Un besito

    • si al final de las tres partes anima a alguien en la misma situación a ver que a pesar de todo se puede, me conformo. gracias por el comentario guapa! <3

  2. Nosotros también abortamos, aunque no tuve que pasar por el legrado. Fui a Urgencias porque empecé a sangrar y, en principio, la ginecóloga de ese día nos dijo que el saco estaba vacío, pero que era posible que estuviera de menos tiempo, aunque yo sabía que no porque sabía el día que había ovulado. Me mandaron reposo y progesterona.

    Fuimos dos veces más a Urgencias: el segundo día vieron la vesícula vitelina, por lo que el saco no estaba vacío (tras el aborto leí que a veces el feto se reabsorbe, pero ha estado ahí y eso creo que me pasó a mí), pero no había trabajo de parto activo, así que lo mismo: reposo y progesterona.

    Aún recuerdo las contracciones, pero no tomé nada para el dolor, porque lo que peor llevé fue el dolor psicológico, y ése no se alivia tan fácilmente. Tras una noche sin dormir, al ir al baño expulsé una masa: el saco. Tercera visita a Urgencias: dos personas me preguntaron sin el más mínimo tacto si había llevado el saco (evidentemente, no), la ginecóloga me dijo que no me preocupara, que estas cosas pasan y que era joven aún. 5 días después dejé de sangrar y en una eco vieron que lo había expulsado todo.

    Por suerte, tras el mes de descanso nos volvimos a quedar y hoy hemos cumplido las 29 semanas. Aún recuerdo aquellos días. Es difícil pasar por una pérdida, sobre todo porque la sociedad no sabe afrontarlo y piensa que no ha sido nada, pero han sido un parto, un aborto y la peor experiencia por la que una madre (porque somos madres) pueda pasar.

    Muchos ánimos. Un beso enorme!

    • por suerte fue hace años y al final te queda como la experiencia que fue, el dolor se pasa. Me alegro que ese embarazo vaya adelante! 😀 yo me quité la espinita con mis preciosos gemelitos. Un beso enorme y disfrutad del bebé cada día porque la que pasa por algo así sabe lo que cuesta y se valora mucho más!

      • Sí que es verdad, no se vive de la misma forma. Hay gente, incluso madres, que no lo entienden y a veces es difícil lidiar con ello, pero sí, todo se supera, aunque no se olvida. Un besazo!

  3. Hay guapa… es mi historia de octubre del año pasado… tal cual. Una pérdida, maltrato en el hospital, sin tacto… es inhumano.

    :_(

    • de “ese” hospital sólo se salva el personal de quirófano, el resto no creo ni que les corra sangre por las venas. siento tu pérdida, un besito grande.

  4. Pingback: Hipotiroidismo en mi embarazo - Mamá D Gemelos

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