El diente perdido

Hoy voy a escribir la historia “El Diente Perdido”, basada en hechos reales (qué ilusión me hacía escribir esta frase, como en las pelis), tan reales que ha sido esta misma semana.

El Martes fuimos toda la familia a la piscina, como siempre hacemos desde que los peques empezaron los cursillos de natación. Al entrar vimos revuelo en el pasillo que va del vestuario a la piscina, pero como siempre vamos justos de tiempo entramos a cambiarnos para nadar.

Yo me quedo con uno de los gemelos y el papi con el otro, así que me fui al vestuario femenino con uno de ellos y justo al lado, en el banquillo, vino un niño pequeño con su madre y su abuela. Resultó que durante su clase de natación de 5 a 6 de la tarde había perdido un diente de leche que ya tenía bastante suelto, en la piscina grande.

El pobre llevaba un disgusto monumental, lloraba y decía que el ratón Pérez no iba a poder recoger el diente esa noche. Entre su madre, su abuela y varias madres que allí estábamos intentábamos calmarlo, diciéndole que el ratón Pérez se iba a enterar igualmente de lo sucedido y que no se preocupase. El niño insistía en entrar a buscar el diente en la piscina. Yo le dije que no le prometía nada pero que intentaría encontrar su diente.

Imaginaos la locura de encontrar un diente de leche en una piscina de 25 metros, dividida en 6 calles, con el fondo azul claro, las juntas de las baldosas en blanco, con dos o más (no recuerdo bien) rejillas / sumideros en el suelo bastante grandes… Y yo pensando, en menudo fregao me he metido yo. Como buscar una aguja en un pajar.

El martes no pisé piscina grande porque nadamos en la pequeña con los gemelos. El miércoles iba mirando por el suelo de una calle en concreto, pero tampoco encontré nada. Aún así de vez en cuanto, a medida que intentaba desconectar haciendo metros esa mañana, ojeaba el fondo sin mucha esperanza.

Estuve incluso bromeando con las personas mayores de natación salud, que ojo donde pisaban no fueran a pincharse un pie. La piscina es muy familiar y siempre somos los mismos, así que bromeamos con todo, incluso con los entrenamientos puestos en la pizarra de la piscina, los cuales leemos como si fueran menús de restaurante; es una tontería pero cualquier chorrada en el contexto adecuado causa una risa tremenda, y nos lo pasamos bien con nimiedades, que en eso consiste también hacer deporte.

Ayer jueves estuvimos en la piscina grande con los gemelos. Los “escapes” de algunos bebés nos obligan por salubridad y temperatura del agua de la piscina pequeña, a cambiarnos a la piscina grande. Vi de nuevo al niño, pero la verdad es que no le presté mucha atención porque solo nos cruzamos. De todas formas iba sin gafas y poco podía hacer.

Hoy viernes éramos 5 nadadores ocupando 5 calles distintas. Ha empezado el cursillo de las 10 de natación salud y he tenido que desplazarme a la otra punta de la piscina, de la calle 2 a la calle 5, que habían dejado libre unos minutos atrás.

Estaba ya bastante pasada del ecuador del entrenamiento e iba nadando mirando desconchados de algunas baldosas. Y me ha parecido ver algo blanco, me ha costado un ovario sumergirme en el agua porque no he tenido otra brillante idea que no quitarme el pull de entre las piernas. Y ahí estaba!! 3 días después el diente se me ha puesto delante. Obviamente con el cloro no podía estar más blanquito. Se lo entregué a una monitora y lo han guardado para dárselo al niño la semana próxima.

De esta historia, o mejor llamarla anécdota, saco varias conclusiones y me ha dado por pensar y extrapolarlo a otras tantas miles de situaciones cotidianas.

Las cosas pasan por algo, es curioso que encuentre el diente cuando le he dicho al niño que lo buscaría y ya lo daba por perdido en alguna tubería de la depuradora.

Si quieres conseguir algo, hay que mezclar esfuerzo con una pizca de suerte y otro tanto de casualidad, pero no dejarlo sobretodo si algo se desea, porque quizá el día que menos te lo esperes, aparece o lo consigues.

Os parecerá una chorrada pero creo mucho en estas cosas y hasta me sale la vena supersticiosa cuando me pasa algo así, pero me alegro de que le devuelvan al peque el diente, porque con el berrinche que tenía el chiquillo, quizá se alegre mucho y siga con la ilusión del ratón Pérez algún tiempo más.

 

 

 

2 comentarios

  1. Que bonito. Mola que al final apareciese y me hubiese gustado ver la cara del peque cuando se lo diesen. Espero que el ratoncito Pérez fuese generoso. Besitos

Deja un comentario