El desarrollo del habla de mis gemelos

Es curioso la prisa con la que deseamos que nuestros hijos hagan todo. Que aprendan a comer papillas, luego que se queden sentados, luego el gateo, que se duerman solitos o mejor dicho que duerman del tirón, que gateen, que empiecen a dar sus primeros pasos, aumento de la autonomía y sobretodo el HABLA.

Yo pasé en el primer año por esa fase, porque eran dos y era agotador si estaba sola. Pero a medida que pasaban los primeros meses no quería que crecieran, no tenía prisa por pasar a la siguiente hazaña, como las suelo llamar, pero si las he disfrutado mucho todas.

Ahora están casi en los 3 años y les busco el botón de pausa porque están en una etapa muy bonita. Si que es cierto que el habla se me ha antojado pronto porque las rabietas, provocadas por la frustración de no saber comunicarse conmigo, han sido muchas y las rabietas dobles, escasas pero alguna vez presentes, han aparecido.

Ahora están en pleno desarrollo del lenguaje. La ventaja de tener gemelos es que no lo están desarrollando al mismo ritmo y me puedo ir fijando en como se van estructurando los sonidos en su cabeza.

Llevan muchos meses, me remontaría a la guardería, en el que parloteaban incansablemente en un idioma propio difícil de descifrar. Os escribí un post en enero de “sus primeras frases” aunque fueron alguna suelta y en su mayor medida se producía lo que  yo  llamaba “su lenguaje gemelar” y el resto por repetición. Antes de acabar el curso escolar fuimos de viaje a Mallorca y les di el móvil para el ratito de avión. Empezaron con puzzles y juegos de explotar globos, muy sencillos.

Ese viaje fue un antes y un después. Empezaron a pasar de los dibujos clásicos de la tele a interesarse por youtube. Los cantajuegos ya no les interesaba y cambiamos a Little Baby boom, luego bob el tren y ahí se produjo el boom.

Primeros fonemas

Empezaron con los colores, uno los decía de forma más clara, usando varios fonemas, el otro era más lineal, mismo fonema para todo. Así pues el verde era “pepe”, el amarillo era “ma” y poco más.

Más o menos iban los dos así, hasta que empezaron a combinar fonemas, de modo que decían “oko” – Rojo, “mamo” – Amarillo, “Atul” – Azul, “osa” – Rosa, “erde” – Verde, “egro” – Negro, “anko” – Blanco, “Iiiis” – Gris, “aarrón” – Marrón.

cuando pongo la R debería ser más gutural, como una G, y aún les cuesta pronunciarla, pero ya se les va colando en su vocabulario habitual.

Con los números, que vinieron de forma más sencilla a su memoria, más o menos los pronunciaba bien, exceptuando el 7 que lo pronuncian “este”. Además es tal cual lo dicen los dos, así que supongo que uno lo aprendió a su modo y el otro se contagió. A partir del diez, tanto el 11 como el 12 lo pronuncia, sustituyen  la “C por la F”.

Evolución

Ha influido bastante la introducción de vídeos educativos, que ellos han preferido a los dibujos animados, en una estimulación temprana del lenguaje. Es curioso como al llegar al colegio ya contaban hasta 20, sabían los colores, a pesar de ser los últimos y de los más pequeños en aprender 4 colores básicos en la guardería, de hecho si no recuerdo mal no se los sabían cuando les pedían identificarlos. También saben el abecedario, que han escuchado mil veces. Yo a su edad no me lo sabía de ningún modo.

De hecho el más pequeño, al escucharlo en inglés algunas veces en la tele, cantaba la canción intercambiando “i griega y zeta” por “/waI/ and /zi:/ así que con esas llevaba poco de cacao.

Hicimos una prueba, que grabé en vídeo, para ver si era una memorización de carrerilla o bien si sabían identificar las letras. Os dejo abajo el resultado.

Yo creo que todo los vídeos que han visto en bucle e incluso escuchados de fondo han influido mucho, sumándole que me paso el día contando, cantando, preguntándoles y hablando con ellos. Que esto ha acelerado en poco tiempo un desarrollo del habla que no pensaba que llegaría nunca, porque estaba convencida de que su lenguaje gemelar particular iba a ralentizar el proceso.

También es cierto que ellos se han sentido comprendidos y escuchados cada vez que me decían una palabra ininteligible, y que en vez de decirles “no te entiendo”, les he pedido que me den la mano para indicarme qué quieren. Al descubrirlo, he intentado cambiar su forma de decirlo por la correcta, una y otra vez. Cada vez cuesta menos porque una vez se empieza el desarrollo se acelera y ya están mejor compartimentados los fonemas, así que repiten las palabras con mayor facilidad.

Me sorprenden muchísimo cada día, sobretodo cuando empezaron a interactuar entre ellos, llamándose por su nombre y dejando a un lado ese lenguaje sin sentido para todos, que solo parecían entender ellos dos.

El colegio está ayudando mucho en ello. Hacen asambleas y usan lectoescritura, como me comentó su profesor. Yo alucino la cantidad de palabras que no recuerdo haberles enseñado y que empiezan a soltar. El otro día me sorprendieron los dos al decirles, tras una pelea por las botellas de agua, cual de ellas pertenecía a cada uno, comentándoles que en su etiqueta ponían los nombres, y ellos no tardaron en completarlos con sus apellidos.

Ya no me extiendo más, solo me queda disfrutar esta maravillosa etapa, que veo que les hace tan felices que me la contagian a mi, y es que les veo con ganas de hablar aunque se equivoquen, porque ya les entendemos y eso les llena nos llena muchísimo.

 

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